Francesc Balletbó

Francesc Balletbó, nuevo director general de Acofarma

Acofarma ha anunciado este miércoles de la incorporación de Francesc Balletbó como nuevo director general.

Balletbó es licenciado en Administración y Dirección de Empresas y ha completado su formación en ESADE, con especialidad en Marketing y Ventas. Además, ha sido en estos dos ámbitos donde ha centrado la mayor parte de su carrera profesional, que durante los últimos 20 años se ha desarrollado en multinacionales de la industria farmacéutica. En este tiempo se ha responsabilizado de las relaciones institucionales, ha implementado y definido estrategias comerciales o ha dirigido equipos multifuncionales, entre otros cometidos.

«Con una visión claramente orientada a resultados y a ofrecer el mejor servicio al cliente, Balletbó inicia una nueva etapa en un escenario complicado para la farmacia, donde Acofarma, tras más de 60 años de historia, tiene como objetivos consolidar el crecimiento y mantener la posición privilegiada dentro del mercado de la marca Acofar en sus dos líneas de producto -parafarmacia y químicos-, así como reforzar su compromiso con la farmacia y el modelo de distribución cooperativista que existe en España», han concluido desde Acofarma.

Desde FarmaFlow eviámos los mejores deseos a Balletbó en esta nueva andadura.

angela-ruiz-robles1

Ángela Ruiz Robles precursora del e-book

Casi nadie sabe quién fue Ángela Ruíz Robles, aunque fue la precursora del e-book. Nacida en Villamanín (León), vivió en Ferrol desde 1918, hasta su muerte, en 1975.  Maestra y científica, se adelantó más de medio siglo a su tiempo.

En las peores condiciones posibles, en plena posguerra española, ideó el primer libro mecánico, precursor del actual e-book, que se atribuye, de manera inexacta a Michael Hart. En realidad, la primera enciclopedia electrónica, la inventó doña Angelita. Está acreditado por una patente otrogada en 1949 y el prototipo que se construyó,, siendo sus indicaciones, en el Parque de Artillería de Ferrol, descansa actualmente en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología en A Coruña.

Ángela Ruiz Robles, nació hace hoy 121 años en Villamanín, (León), visualizó la era de las pizarras digitales con varias décadas de antelación. Su mente privilegiada y su profunda vocación por la pedagogía y la educación le marcaron el camino. ¿Su objetivo? Aligerar los kilos con los que los alumnos cargaban sus espaldas resumiendo en un único libro todas las materias, hacer más atractivo y, al mismo tiempo más sencillo, el aprendizaje; en definitiva, convertir la enseñanza en algo interactivo y estimulante.

Lo que Ángela Ruiz Robles esquematizó en su cabeza como un «proceso mecánico, eléctrico y a presión de aire para la lectura de libros» tomó forma en los astilleros ferrolanos. Lo que ella había concebido como algo ligero y fácil de transportar en una mochila, acabó convertido en un pesado artefacto construido con materiales rústicos, que lamentablemente le cortaron las alas.

Libro electrónico Ángela Ruiz

Su invento nunca llegó a las aulas. Tampoco consiguió convertirse en libro electrónico, pero casi. Constaba de dos partes. La primera, de conocimientos básicos: lectura, escritura, numeración y cálculo. Haciendo presión en abecedarios y números se formaban sílabas, palabras y lecciones. La segunda funcionaba con bobinas, cada una dedicada a una materia. Y podía incorporar luz y sonido.

El invento de Doña Angelita, tuvo muchos pretendientes. Los norteamericanos le echaron el ojo al invento y desde Washington hubo quién rondó a la gallega para hacerse con su patente. No lo consiguieron. Doña Angelita, maestra en Mandiá, ni se planteó hacer las maletas y poner rumbo a América. Quería que el invento se quedase en Galicia, en Ferrol.

Ángela Ruiz Robles obtuvo el reconocimiento a su labor en vida. Recibió diversas distinciones como la Cruz de Alfonso X El Sabio a su Profesionalidad o la Medalla de Oro y un Diploma en la I Exposición Nacional de Inventores Españoles, celebrada allá por el año 1952. Pero no consiguió lo que realmente era importante para ella, que una empresa española fabricara su invento. Lo exhibió por las ferias de toda España. Incluso intentó convencer al Ministerio de Educación, que dio su aprobación para el uso eventual en las aulas. Pero nunca consiguió financiación. De cualquier forma, su trabajo no cayó en saco roto. Algunas de las ideas recogidas en su patente han servido de base para aplicaciones actuales.